La Amazonía debe convertirse en una zona de exclusión para el financiamiento de combustibles fósiles

January 28, 2026
Líder indígena insta a los bancos a adoptar políticas de exclusión “sólidas” para dejar de financiar petróleo y gas en la Amazonía

Este artículo de opinión fue publicado originalmente en inglés en The Banker.

 

Por Olivia Bisa Tirko, presidente del Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Chapra

 

En los primeros días tras asumir la presidencia del Gobierno Autónomo de la Nación Chapra, en Perú, enfrenté un desafío que aún persiste: un derrame de petróleo del Oleoducto Norperuano contaminó el río Morona, fuente de vida para mi territorio. Bastaron apenas unos minutos de derrame para acabar con especies que vivían allí y cortar el acceso al agua de todas las comunidades de la región. 

Estas tragedias revelan una verdad incontestable: no importa cuánto dinero se movilice, los daños sociales, ambientales, culturales y económicos provocados por la extracción de petróleo son irreversibles.

Del mismo modo, cada dólar que los grandes bancos destinan a los combustibles fósiles tampoco tiene vuelta atrás. No importa si invierten en proyectos culturales o sociales y ambientales en un intento de lavar su imagen de verde. Es el financiamiento proporcionado por los grandes bancos el que mantiene en funcionamiento la maquinaria destructiva de los combustibles fósiles en nuestros territorios.

Desde la adopción del Acuerdo de París, ya han sido más de $15 mil millones de dólares en financiamiento directo a petróleo y gas en la Amazonía, según un estudio de Stand.earth. Con cada nueva perforación, carretera abierta o nuevo ducto instalado — que en la mayoría de las veces ocurre sin nuestro Consentimiento Libre, Previo e Informado, un principio protegido por las normas internacionales de derechos humanos — la Amazonía se acerca a un punto de no retorno y se agrava la crisis climática. 

Si aún existen dudas sobre esto, invito a los bancos a venir a mi territorio y verlo con sus propios ojos.

Nosotros, Pueblos Indígenas, en especial las mujeres, que más contribuimos a mitigar la crisis climática, sufrimos desproporcionadamente sus impactos. Sin embargo, las consecuencias van más allá de nuestros territorios: ningún ser humano podrá vivir si la Amazonía sigue siendo devastada, porque la seguridad alimentaria y el equilibrio climático global dependen de ella. Ningún ejecutivo de banco sobrevivirá comiendo oro, bebiendo petróleo y respirando humo. Valorar la Amazonía es valorar sus propias vidas.

 

El rol de los bancos en la transición 

En los últimos años, me he reunido con los principales bancos responsables del financiamiento de petróleo y gas en la Amazonía para exponer los impactos irreversibles que sus recursos han permitido. Aunque algunos simplemente cierran las puertas al diálogo, tuvimos algunos logros a lo largo de los años. 

Petroperú invirtió más de $6 billones de dólares – con el financiamiento de JP Morgan, Bank of America, Santander y HSBC – para ampliarla Refinería de Talara y procesar 95 mil barriles de petróleo al día. Este petróleo se extraerá desde la Amazonía, incluso de mi territorio. Pero tras años de nuestra resistencia indígena, encabezada por las mujeres, hemos logrado que de momento el petróleo del Lote 64 no se extraiga, lo que me da esperanza.

A pesar de la resistencia de diversos países a avanzar en la definición de un camino y de plazos para abandonar los combustibles fósiles en la COP30, es evidente que no existe un futuro posible con la expansión de este sector. Mientras el mundo sigue debatiendo la prometida hoja de ruta, los bancos ya saben cuál es su primer paso: dejar de financiar combustibles fósiles, especialmente en áreas de alta biodiversidad y vitales para el planeta, como la Amazonía

La adopción de una política de exclusión geográfica para la Amazonía por parte de los bancos, como hizo BNP Paribas, muestra que un camino coherente con la justicia climática es posible. A través de esta política, se ha reducido el flujo de recursos financieros hacia las actividades extractivas en la región, aunque no se ha eliminado por completo.

Hace sólo unas semanas, el principal financiador de petróleo y gas en la Amazonía, JPMorgan, añadió restricciones para el financiamiento de combustibles fósiles en la selva. Pero en este caso es un gesto, no una transformación real. No detendremos la crisis climática con pequeños pasos – más allá de adoptar políticas, es imperativo que los bancos cumplan con sus compromisos y hagan su parte ahora, no dentro de algunos años. 

A medida que la Amazonía enfrenta un auge de la expansión de petróleo y gas, los Pueblos Indígenas y nuestros aliados exigimos que la selva sea reconocida con urgencia como una zona de exclusión para todas las actividades extractivas. Exigimos que los bancos adopten políticas de exclusión sólidas, tanto a nivel de proyectos como corporativo, para cualquier empresa extractiva que opere en la Amazonía.

Estamos a tiempo para salvar la tierra y la vida de sus hijos y de las próximas generaciones. Tras tantos años de destrucción, ¿por qué no podemos empezar a trabajar para protegerla?

Todos los bancos mencionados en el artículo fueron contactados para solicitar comentarios. JPMorgan, Santander y Bank of America declinaron hacer comentarios.